Román Baldorioty de Castro

Entre las personalidades destacadas de Guaynabo se encuentra el prócer don Román Baldorioty de Castro, figura cimera de la historia de Puerto Rico.

Nació en esta ciudad el 22 de febrero de 1822 en una familia de humilde ascendencia. Desde niño se notó en él una clara inteligencia que apuntaba hacia un futuro prometedor y de altos valores morales y patrióticos. A punto de iniciar sus estudios primarios, la familia se trasladó al barrio La Marina de San Juan para inscribirlo en la escuela del legendario Maestro don Rafael Cordero. Su demostrado deseo de aprender cada día más le llamó la atención al Padre Rufo Manuel Fernández, quien fue instrumental para su ingreso al Seminario Conciliar de Puerto Rico. Del Seminario, y gracias a la concesión de una beca, partió junto a sus compañeros José Julián Acosta y Julián Núñez, a España, donde se matriculó en la Universidad Central de Madrid. Allí obtuvo su título de licenciado en Ciencias Fisicomatemáticas en 1851. Mientras estudiaba, siempre pensando en el adelanto de su Isla, fundó, junto a otros puertorriqueños, la Sociedad Recolectora de Documentos Históricos de Puerto Rico. De regreso a la Isla en 1853 ejerció la docencia en la Escuela de Comercio, Agricultura y Náutica y en el Seminario Conciliar del que había sido alumno. También fundó y alentó varias publicaciones abogando por la abolición de la esclavitud y la liberalización del régimen español imperante en la Isla.

Luego del acontecimiento conocido como El Grito de Lares de 1868, las autoridades españolas comenzaron a perseguir a Baldorioty, a quien acusaban, de ser autonomista y abolicionista. En efecto, desde su escaño como Diputado a Cortes, que ocupó en 1870, fue un fervoroso defensor de la abolición de la esclavitud, alcanzada en 1873. Fue encarcelado varias veces en las mazmorras de El Morro sólo por defender sus ideas e ideales. En enero de 1874 cayó la república española y regresó a la Isla el funesto gobernador José Laureano Sanz, quien acentuó la persecución contra los patriotas puertorriqueños. Baldorioty se refugió en la República Dominicana. Regresó a la Isla cuatro años más tarde, decidido a incursionar activamente en la política partidista. (Para 1870 habían surgido los primeros partidos políticos de la Isla). El 19 de febrero de 1887 convocó a los puertorriqueños a la histórica Asamblea de Ponce para considerar lo que se llamaría el Plan de Ponce dirigido a la reorganización del liberalismo puertorriqueño, que venía pasando por una crisis institucional.

Baldorioty concluyó la convocatoria con la siguiente exhortación:

“Es nuestro deber reunirnos, ventilar amigablemente las ligeras diferencias que nos debilitan, y hacer solos, con nuestro esfuerzo propio, la obra de salvación que hemos emprendido. Os convocamos, pues, para reunirnos en esta ciudad (de Ponce) el 7 de de marzo próximo venidero. ¡Puertorriqueños, meditad profundamente la situación! ¡Delegados, interpretad con toda vuestra conciencia las necesidades íntimas del país, y venid a manifestarlas con el ánimo de llegar a un acuerdo firme y duradero!”.

Al tercer día de sesiones – el 9 de marzo – quedó formalmente instaurado el Partido Autonomista Puertorriqueño. Baldorioty fue elegido director de la Sección Política, equivalente a la presidencia de la colectividad. Enfermo, y consternado por las luchas internas que rápidamente asomaron en el histórico partido, el 2 de enero de 1889 renunció al cargo en una conmovedora carta que envió a todos los delegados del partido.

En parte, decía la misiva:

“Pongo en vuestras manos mi dimisión como Director de Política y como Delegado del Partido. Con profunda pena me separo de vosotros; pero todo el país sabe que estoy enfermo y que debo atender mi salud seriamente comprometida. Mi resolución es irrevocable porque es de toda conveniencia para el partido. Yo vuelvo tranquilo a la serenidad de mi hogar llevando en el corazón la gratitud más sincera por las muestras de distinción y de afecto que siempre me habéis dispensado”.

A pesar de su enfermedad, continuó alentando el ideal autonomista, hasta que falleció el 30 de septiembre siguiente. Sobre tan preclara figura guaynabeña, escribió entonces don Manuel Fernández Juncos:

Era un hombre de clarísima inteligencia, de cultura intelectual sólida y rica, y de una moralidad y pureza de corazón verdaderamente asombrosas. A tal punto llegaba la honradez del señor Baldorioty de Castro, y era tal la rectitud de su carácter, que pudo propagarse la creencia de que él no servía para hombre político en esta época de ambiciones bastardas, de hipócritas cabildeos y de vergonzosas apostasías. Fue siempre un admirable modelo de abnegación y patriotismo. Puso constantemente su talento, su saber y su vida entera al servicio de su país, sin pedirle nunca nada y sin que le desalentaran nunca las persecuciones del poder ni el olvido de los ingratos. Vivió pobre y murió en la indigencia, como viven y mueren, por lo general, los hombres de su temple y de sus condiciones.

Algunos pensamientos de don Román Baldorioty de Castro:

“Yo odio el sistema colonial porque ese sistema es la muerte del espíritu; es la degradación del hombre por el hombre”.

“El militarismo no matará la libertad de pensar; la idea, el pensamiento, son inmortales”.

“Los pueblos exterminadores no son jamás menos desgraciados que los pueblos exterminados”.

“Los pueblos, como los hombres, cuando pierden el último rayo de luz de la esperanza, se degradan, o se suicidan”.

“Bajo el peso de un poder omnímodo sucumben fatalmente la virtud del que manda y la entereza del que obedece”.

“La América que yo quiero ver es la que reivindique sus libertades y tenga la conciencia de su valor”.

“No me es dado rehacer la historia de los errores que los gobiernos pasados nos han legado. Ni me es dado impedir que algún día escriba la historia de los errores que los gobiernos presentes están cometiendo”.

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