Rafael Martínez Nadal

Aunque nació en la ciudad de Mayagüez (el 22 de abril de 1877), don Rafael Martínez Nadal residió (y murió) en Guaynabo, ciudad en la que desde 1935 descolló profesional y políticamente. En esta ciudad, además, se dedicó al deporte de peleas de gallo, que tanto le apasionaba, y de cuya primera reglamentación fue su autor. A los cinco años de edad – muertos sus padres – fue llevado por unas tías maternas al montañoso y apacible pueblo de Maricao, donde hizo sus estudios primarios y entró en contacto directo con la naturaleza y lo autóctono puertorriqueño que tanto amó. Hizo su bachillerato en Filosofía y Letras en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza en San Juan. A los 16 años fue enviado a Barcelona, España a estudiar la carrera de Derecho, pero poco después de iniciados los estudios los abandonó para trasladarse a París en búsqueda de aventuras intelectuales. Regresó a Barcelona y montó algunos negocios sin mucha suerte. El 13 de agosto de 1904 regresó a Mayagüez y se dedicó al cultivo del café. Simultáneamente comenzó su exitosa incursión en el periodismo y la política partidista con el Partido Republicano Puertorriqueño. En 1908 fundó el periódico político El Combate. En 1912 obtuvo su título de abogado por correspondencia, convirtiéndose en uno de los más prominentes hombres del foro puertorriqueño. Se le tuvo como uno de los más famosos criminalistas de la época. Todavía se canta en la Isla, al evocar su ilustre nombre: “Temblaba la Corte, temblaba el fiscal; temblaban los jueces cuando subía Martínez Nadal”.

En el año 1914 fue elegido miembro de la Cámara de Delegados por la ciudad de Ponce por el Partido Republicano Puertorriqueño.

En 1920 fue elegido por primera vez al Senado, por el mismo partido, y fue reelegido sucesivamente en las siguientes cinco elecciones generales. Al concertarse la alianza de los partidos Unión de Puerto Rico y Republicano Puertorriqueño en 1924, abandonó el Partido Republicano e inició un movimiento bajo el nombre de Partido Republicano Puro que inscribió oficialmente como Partido Constitucional Histórico. Luego fundó la Unión Republicana, buscando siempre adelantar su ideal de Estadidad para la Isla. En coalición con el Partido Socialista, la Unión Republicana triunfó en las elecciones generales de 1932 y 1936 y en ambos cuatrienios (1932-36 y 1937- 40) ocupó la presidencia del Senado. Antes de la elección de 1940 cayó enfermo en su residencia de Guaynabo y no recuperó más su salud. Falleció el 6 de julio de 1941.

Sus trabajos literarios y periodísticos están recogidos en el libro Tempraneras. También publicó las novelas La hoguera y Cuando el amor muere.

Don Luis Lloréns Torres le dedicó el siguiente poema:

“Este puertorriqueño fue rico
de oro y plata,
dos veces oro y plata votó.

El mundo y sus placeres.
la juventud que arde,
Barcelona, que es Bona,
la vida que es amor.

Halló luego en el templo del arte,
y de las letras,
agua bendita para lavarse el corazón.

Entonces llamó al pueblo.

Todos los ojos vieron saltar
la catarata sonora de su voz.

Cambió el laurel de su rama.

Era un claro en la noche
su palabra tonante.

Y el pueblo le siguió.

Su refuerzo es ahora el oro imponderable
de la fe con la que el pueblo
le rinde adoración.

Oro que prodigarlo esta vez ya no pueden
sus manos generosas,
porque es oro de amor”.

 

Algunos pensamientos de Don Rafael Martínez Nadal:

“Afortunadamente, la fuerza y el poderío no constituyen derecho. El derecho se basa en la razón”.

“Entre el hambre y la deshonra, yo señalo a mi pueblo el camino de la dignidad”.

“Los hombres honrados y dignos hijos de esta tierra, antes que la ignominia con el estómago harto, deben preferir el hambre, con decoro y dignidad”.

“Soy tan puertorriqueño como el que más siente el puertorriqueñismo en nuestra tierra; amo mi idioma y nuestras tradiciones con todas las fuerzas de mi espíritu”.

“Aunque no pueda ostentar virtud alguna superior, tengo una que me fortalece ante la adversidad, y es el valor de mis propios actos”.

“Desde la cima a la que me han llevado mis correligionarios, puedo mirar el mundo con la frente en alto, la conciencia serena y el corazón alegre, ya que subí como suben los caballeros”.

“En mi corazón, igual que en el del pueblo puertorriqueño, espero que exista un culto devoto a todo lo que es blasón y orgullo de nuestra raza”.

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